La enorme deuda nueva de la UE y EEUU esconde tras de sí años de crecimiento del PBI en negativo.

Jon Hellevig

La enorme deuda nueva de la UE y EEUU esconde tras de sí años de crecimiento del PBI en negativo.

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30.10.2014 0 Comments

La enorme deuda nueva de la UE y EEUU esconde tras de sí años de crecimiento del PBI en negativo.

Lunes, Septiembre 29, 2014

Por Jon HELLEVIG (Finlandia)

Un estudio pionero llevado a cabo por el Grupo Awara revela que el nivel de crecimiento real del PBI en los países Occidentales lleva años en territorio peligroso. Dichos países han podido esconder la verdad y retrasar así el comienzo e inevitable colapso de sus respectivas economías, acumulando una enorme deuda. El estudio demuestra que el PBI real de estos países esconde pérdidas considerables una vez vemos la cifra neta de la deuda, que a su vez nos da el PBI real.

Lo interesante del estudio es que las cifras de crecimiento del PBI en sí, revelan muy poco sobre la dinámica subyacente de una economía, a no ser que uno intente analizar de forma simultánea, que parte del crecimiento se puede atribuir al hecho de haber avivado la economía con nuevos préstamos.

El estudio demuestra que los países occidentales ya no saben cómo hacer crecer sus economías, pero si como acumular deudas. A través de la acumulación de nuevas deudas, pueden aparentar un crecimiento mínimo, o al menos intentar aparentar que su crecimiento ronda la marca 0.

No habría ningún problema si esta enorme deuda fuese a parar en inversiones, pero no es así. La deuda se usa más bien para financiar las pérdidas de la economía nacional, y se desperdicia básicamente en un consumo que el país no puede permitirse en realidad. Los países occidentales se compartan pues como los herederos de riquezas aristocráticas del siglo XIX, pidiendo préstamos de año en año, para mantener cierto nivel de vida, mientras que el estado va en declive de forma incesante. Tarde o temprano, el hijo prodigo tendrá que asumir la realidad y vender la propiedad que la queda para satisfacer a los acreedores, llevar una vida más modesta y frenar sus despilfarros.  Evidentemente, tanto Europa como Estados Unidos deberán frenar también el consumo excesivo, sin embargo, y por el momento, prefieren dejar el ajuste de cuentas de la nueva deuda para más adelante como el borracho que bebe de buena mañana para no tener que desembriagarse. En el caso de la UE y de EEUU, estamos hablando de un exceso de deuda que arrastran desde hace ya una década.

Aunque la situación ha sido generalmente mala durante la última década, se ha deteriorado hasta llegar a  niveles dramáticos, o más bien catastróficos, debido al comienzo de la crisis financiera del 2008. La grafica 1 muestra las escandalosas cifras que demuestran la ingente situación de las economías Occidentales durante los años 2009 y 2014, nos muestra el desarrollo real del crecimiento del PBI por país durante los años 2005 y 2013. La grafica demuestra que durante ese mismo periodo, Rusia ha podido mantener un crecimiento del PBI real y libre de deuda, mientras que  Occidente acumula un enorme déficit. El crecimiento acumulado de la economía rusa desde 2005 y hasta 2013 fue de un 147%, mientras que los países Occidentales acumularon deudas de entre 16.5% (Alemania) y hasta 58% (EEUU). En lo que a Rusia se refiere, hemos corregido la cifra de PBI real libre de deuda, para ajustarlo al cálculo de error causado por un índice de precios del PBI erróneo que la agencia de estadística rusa (Rosstat) ha empleado.  En el estudio por el Grupo Awara  Research on the Effects of Putin’s Tax Reforms 2000-2012 on State Tax Revenue and GDP (Estudio sobre los efectos que han tenido las reformas de impuestos llevadas cabo por Putin del 2000-2012 sobre los impuestos tributarios del Estado), ya discutimos que debido al uso incorrecto del índice de precios sobre el PBI ruso, el crecimiento de este se había subestimado.

1-grafico

La grafica 2 muestra el PBI real y libre de deuda tras la deducción del crecimiento de la deuda pública de la cifra del PBI. Libre de deuda vemos las diferentes economías occidentales, como por ejemplo la Española, que asciende a una más que sorprendente cifra negativa de -56.3%.  Esto, junto con el método convencional y oficial que existe para abonar el crecimiento del PBI al crecimiento de la deuda nos daría el resultado negativo de solamente -6.7%.

2-grafico

3-grafico

La grafica 3 muestra cómo y cuanto mayor es la acumulación de deuda en los países Occidentales en relación al crecimiento oficial del PBI. A la cabeza Estados Unidos, cuya deuda durante los años 2004 y 2013 ha incrementado a 9.8 trillones de dólares (la gráfica lo muestra en Euros, 7 trillones). Durante este tiempo, el crecimiento de la deuda publica de EEUU ha terminado por ser 5 veces mayor que el crecimiento del PBI, como muestra la gráfica 4, que compara la índice del incremento de deuda con el del PBI.

La comparación entre el crecimiento de la deuda y el crecimiento del PBI revela que Reino Unido es el país que más deuda nueva ha acumulado, en relación al crecimiento del PBI, llevándolo así a una deuda nueva sobre el crecimiento del PBI de un índice del 9 a 1, es decir, Reino Unido ha cumulado una deuda nueva del 900% relativa al crecimiento del PBI. La situación es igual de grave para todos los países de Occidente (con la posible excepción de Alemania), mientras que la deuda Rusa crece solo hasta equivaler a una pequeña fracción del crecimiento del PBI.

4-grafico

Este análisis demuestra que usando este método de cálculo, el crecimiento de la economía rusa, a diferencia del de los países occidentales, ha sido relativamente sano y libre de deuda. De hecho, habiendo aplicado este método de cálculo, Rusia tiene un índice positivo muy sólido, donde el crecimiento del PBI es 14 veces mayor que el crecimiento de la deuda (1400%). Esta cifra es aún más extraordinaria si la comparamos con la de los países Occidentales que están inundados en nueva deuda.

Las cifras expuestas arriba han sido ajustadas teniendo en cuenta la deuda pública (del Estado), pero la situación empeora si tenemos en consideración el efecto de la deuda privada sobre el PBI. La nueva deuda empresarial y domestica han hecho que el nivel de deuda privada se duplique en la mayoría de países Occidentales desde el año 1996 (Gráfica 5).

5-grafico

Repasando estas cifras, es evidente que en realidad las economías occidentales no han crecido en la última década, sino que más bien dichos países han sufrido una inflación masiva de su deuda. Con estos niveles de deuda, la situación no puede seguir así mucho más tiempo. Existe el riesgo real, de que más tarde o más temprano se descubra el engaño, y que esto haga bajar los niveles del PBI de las economías Occidentales a niveles que puedan mantener sin apalancamiento de deuda. De ser así, no podrán servirse de la deuda acumulada, lo que desencadenaría en una situación de catástrofe.

No hemos incluido ni Japón ni China en el análisis debido a las dificultades a la hora de encontrar datos consistentes para todas las variables. Para dichos países hemos encontrado datos fragmentados que no acaparan todos los años pertinentes; datos inconsistentes dentro de las muestras examinadas; y dudas a la hora de convertir los datos cargados a Euros.  (Estamos convencidos de que los grandes departamentos de investigación no tendrían los mismos problemas, puesto que gozan de recursos más sofisticados que los nuestros). La exclusión de Japón y China es desafortunada, ya que Japón es el país que más ha sufrido a raíz del problema de crecimiento del PBI alimentado por la deuda, llevando al país a un índice de más del 200% de deuda pública sobre el PBI, y por lo tanto hubiese sido muy instructivo para nuestro propósito principal.

Japón lleva prácticamente viviendo en deuda desde el principio de los años 90, y sin embargo, algunos de los analistas occidentales más irracionales quieren presentarlo como un ejemplo a seguir, argumentando que como Japón ha podido acumular deuda durante 25 años, todos los países occidentales pueden hacerlo también de cara al futuro más próximo. No tienen en cuenta que anteriormente, Japón podía permitirse el lujo de ser el único país viviendo bajo niveles deuda así de desorbitados. Los países occidentales han  mostrado gran apoyo a Japón para seguir con esta práctica, cuando menos por motivos políticos. Otra punto importante a tener en cuenta en contra de esta idea de que los países occidentales pueden seguir acumulando deuda como hasta ahora es, que desde principios de los noventa, dichas naciones han perdido su hegemonía en lo que a su participación del comercio mundial y PBI global se refiere. Sobre esto he escrito recientemente un artículo titulado Why the West is Destined to Decline (Porque el declive de Occidente  está escrito).

La trascendencia económica de Occidente disminuye rápidamente con respecto a la del resto del mundo. Esto se puede demostrar comparando el PBI de las potencias occidentales que forman parte del G7 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá) con el de las potencias emergentes. Ya en 1990 el PBI de los países G7 juntos, era apabullante en relación al de las 7 potencias emergentes: China, India, Rusia, Brasil, Méjico y Corea de Sur (no necesariamente como bloque político). En 1990, los países del G7 juntos, tenían un PBI de 14.4 trillones de dólares y las 7 potencias emergentes de 2.3, en el 2013 se han intercambiado los papeles y el G7 acumula una deuda de 32 trillones de dólares mientras que las potencias emergentes acumulan 35 trillones de dólares. (Grafica 6).

6-grafico

Con los países emergentes adquiriendo cada vez más partes del comercio mundial, está claro que los países occidentales no podrán sacar las ganancias necesarias para cubrir sus deudas.

De momento, los países occidentales pueden beneficiarse del privilegio de tener una moneda que el resto del mundo aun ve como moneda de reserva. A todos los efectos, el Dólar americano y el Euro gozan de una estatus de monopolio. Esto es lo que permite a los países occidentales ganar acceso a deuda barata y a avivar sus economías con la financiación del banco central (ajustes cuantitativos  y “la impresión de dinero”). E aquí el riesgo que, con la situación de deterioro de la deuda, y la reducción de su parte dentro de la economía mundial, tendrán que renunciar a este privilegio, tal vez en un futuro no muy lejano. A lo que esto conllevaría, podría ser más costoso  que una cara financiación o que la inflación, el resultado final sería la hiperinflación. En un caso así – el cual me parece inevitable en los próximos 5 a 10 años – las economías occidentales básicamente se desplomarían.

El problema es que no hay forma alguna de evitar esta situación hipotética, ya que las potencias occidentales han perdido sus ventajas competitivas como potencias económicas.  A la larga, deberán reducir sus economías hasta estar a la par con sus recursos y población. (He escrito sobre esto en el artículo nombrado anteriormente). Parece pues, que las elites occidentales que gobiernan, no tienen intención de aceptar la realidad. Seguirán intentando mantener una imagen próspera con cada nueva deuda hasta que el tiempo diga basta. Los partidos políticos occidentales se han convertido básicamente en máquinas de votar con una única preocupación – la de ganar las elecciones. Hacia este fin, seguirán involucrándose  en “sobornar” a los votantes – creando a su vez nuevas deudas para avivar la economía nacional.

Pero no hay forma de parar esta oleada histórica. Tal y como el aristócrata del viejo régimen que al final despilfarró su legado, así lo harán también las potencias occidentales. Esta idea de que el proceso es inevitable es lo que lo hace aterrorizador, puesto que me temo que la elite occidental intentará sacarse de dichos apuros con una guerra de proporciones épicas. Ahora más que nunca, nos acercamos al Armagedón entre Occidente, con sus desesperadas circunstancias económicas, y las potencia mundiales emergentes.

Jon Hellevig es un asesor empresarial y un observador político y económico. Es co-editor y co-autor de Putin’s New Russia (la nueva Rusia de Putin) y varios libros sobre filosofía y ciencias políticas y sociales.Jon Hellevig is a business consultant and economic and political observer. He is the co-editor and co-author of Putin’s New Russia and several books on philosophy and political and social sciences.

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